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lunes 23 octubre 2017
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Lo cotidiano y lo ominoso

Esta reseña bien podría haberse titulado “Año de la Orientalidad”, el epígrafe/eslogan con que la dictadura uruguaya bautizó ese año, uno de los más cruentos en ambas márgenes del Río de la Plata. Aún recuerdo los cuadernos escolares de tapas grises, con el rostro de José Pedro Varela, y la frase impresa al dorso. Y es que el texto de Sandra Massera toma ese año como disparador, a través de apuntes en un cuaderno de Geografía, y luego de cartas, para presentar desde la cotidianidad el dolor de la ausencia y el poder de lo ominoso que se perpetúa en el tiempo.

Es 1975 y Alberto —hermano de Teresa (Laura Almirón)— se ve obligado a abandonar Uruguay debido a la persecución militar. Como refugio elige la casa de la abuela de en Buenos Aires. Nunca llegará. Su hermana, a través de los apuntes en ese cuaderno y de cartas, va reconstruyendo parte de su vida familiar y de la vida del hermano desaparecido.

Es interesante, e inteligente, el planteo de Massera. Opta por una historia íntima, una historia mínima —la de una hermana que mantiene vivo el recuerdo de su hermano— que se amplifica de tal manera que termina siendo la historia de un país. Es decir, en esa pérdida familiar está representada la desaparición de cientos de compatriotas. Alberto, pues, son muchas vidas cercenadas. Y este logro está respaldado en dos puntos altos. Primero, en el texto, donde la ingenuidad y esperanza inicial de Teresa de ver con vida a Alberto va decantando con los años —junto con su noviazgo  y casamiento con Daniel, el nacimiento de su hijo Matías, su divorcio- hasta llegar a esa imagen del rostro difuso, fantasmal del hermano, que la protagonista se esfuerza de no perder en su memoria. La imagen de Teresa eligiendo el lápiz labial para su casamiento mientras afuera rebuznan  los camiones militares es todo un registro de una época donde lo cotidiano convivía con lo ominoso.  Hay también, en la psiquis del personaje, con el paso de los años, un procesamiento de esa realidad irremediable, nunca aceptada. Porque lo ominoso no se acepta, se rechaza.

El segundo punto alto es la actuación de Laura Almirón, que ya había trabajado con Massera en Hotel Blanco. Durante una hora, la actriz asume el desafío de encarar  sola el escenario y lo hace con solidez, apelando a la sensibilidad, no a la sensiblería, a lo gestual y a correctas posturas e inflexiones de voz, redondeando una muy buena performance. Una obra que merece verse.

 

1975, de Sandra Massera. Dirección.: S. Massera. Elenco: Laura Almirón. Vestuario: Massera y Almirón. Edición de sonido: Carlos Rehermann. Luces: Álvaro Domínguez. Producción: Natalia Méndez. Telón Rojo (Soriano 1274 esquina Yi). Sábados 21 horas, domingos 19.30 horas.




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