Las 24 horas

Seleccionar página

“Visualizo un potencial bien interesante en el desarrollo de la cadena forestal a futuro, pero faltan incentivos”, expresó el l Ing. (Dr.) Roberto Scoz, director del Programa de Investigación Forestal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).

Scoz participó en el programa “En dónde estamos” de Radio Nacional para analizar la cadena forestal uruguaya. Señaló que es un sector centrado principalmente en la fase primaria de producción y que la industrialización puede desarrollarse a futuro, pero “faltan incentivos”.

El investigador explicó que en el rubro forestal se concatenan idealmente el vivero que siembra la semilla de las que crecen plantines que luego serán plantados por el productor para obtener árboles. Desde la industria esos árboles serán talados para hacer madera y finalmente un último eslabón de la cadena utilizará esa madera para crear productos.

“En Uruguay es una cadena incompleta donde la fase primaria sigue siendo la más fuerte y esa primarización se ve reflejada en los conocimientos tecnológicos y en el trabajo de institutos como INIA. Pero a los sectores también hay que ayudarlos en su desarrollo, aprovechar las oportunidades que nos dan. Con la madera se pueden hacer muchos productos, no es solo celulosa. Se puede explotar la biorefinería, el procesamiento de químicos y semiquímicos de la madera y subproductos”, destacó.

Sobre el crecimiento del rubro, mencionó que el país tiene condiciones, reputación y es económicamente viable. “¿Nos estará faltando un incentivo, ‘una zanahoria’, para industrializar y agregar valor, como en su momento hubo para deforestar? Creo que también hay que fomentar el emprendedurismo y la educación para que las nuevas generaciones se apasionen por el sector”, agregó.

Como ejemplo de éxito local, mencionó el caso de la familia Valerio que en 1974 compró tierras en Rivera, donde plantó pinos y con el tiempo instaló un aserradero, invirtió en tecnología y finalmente logró tener una planta de biomasa en el marco de la política bioenergética nacional.

“Dos generaciones trabajan en este emprendimiento, que tiene 10.000 hectáreas, capacidad de industrialización para más de 100.000 m3, que emplea a más de 400 personas de manera directa e indirecta y que exporta a países productores de pinos como Estados Unidos, Chile y Nueva Zelanda”, subrayó.

Sobre el cierre, se refirió al futuro del sector. “Visualizo un potencial bien interesante en el desarrollo de la cadena. Sería bueno lograr la especialización, quizás con un nivel de integración algo más bajo, pero que exige que la cadena esté aceitada. Hay que pensar que una vez que corto el árbol me llevo el producto y la fábrica, por lo tanto, tengo que poder utilizar la materia prima en su totalidad”.