Las 24 horas

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El tono de una posición preliminar redactada en un borrador por 200 obispos -tras una semana de discusiones a puerta cerrada- muestra compasión y entendimiento no solo frente a las uniones de personas del mismo sexo, sino también hacia parejas heterosexuales que viven juntas sin casarse o parejas divorciadas que deciden casarse por segunda vez sin conseguir por parte de la Iglesia la anulación del primer matrimonio.

Sin embargo, los obispos dejaron claro que no habrá cambios en las enseñanzas básicas del catolicismo sobre la permanencia del lazo matrimonial e insistieron en que un matrimonio válido sólo puede ser entre un hombre y una mujer.

Pero el cambio de énfasis del papa Francisco al concentrarse en los aspectos positivos de la sexualidad humana más que en lo negativo, parece haber ganado terreno entre los obispos que asisten al sínodo.

Su predecesor, el papa Benedicto XVI, se refería a las relaciones entre homosexuales como «intrínsecamente desordenadas» en un documento del Vaticano escrito en 1986 cuando Benedicto era el principal consejero en temas teológicos del papa Juan Pablo II.

Contrariamente, el papa Francisco dijo a los periodistas el año pasado: «Si una persona busca a Dios y hace el bien, entonces ¿quién soy yo para juzgar?».

También es el primer pontífice en usar la palabra «gay» en público en vez de referirse a ellos como «homosexuales».

En tanto, las primeras reacciones de grupos católicos defensores de los derechos de los homosexuales no se hicieron esperar y se mostraron favorables a la discusión planteada en el borrador elaborado en Roma.

La asociación católica Quest, basada en Londres, describió el documento como un «avance» y el grupo católico estadounidense defensor de los derechos de los gays New Ways Ministry, lo definió como un «gran paso hacia adelante».

New Ways Ministry elogió el documento por evitar el «gran pesimismo y fatalidad» que acompañaron previos pronunciamientos del Vaticano sobre la homosexualidad.